Poner nuestras creencias en suspenso

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Es frecuente que cuando nos sintamos enojados, reaccionamos externamente y lleguemos incluso a decir algo desagradable. Supongamos, no obstante, que en lugar de hacer tal cosa, tratamos de poner en suspenso nuestra reacción, es decir, no sólo dejar de agredir externamente, de una u otra forma, a la persona con quien nos hayamos enojado, sino atajar incluso cualquier tipo de insulto interno.

Es interesante interrumpir nuestra reacción interna, distanciarnos de ella y observarla, dejándola suspendida frente a nosotros y observándola como si se tratase del reflejo que nos devuelve un espejo.

De este modo, podemos llegar a ver cosas que no podríamos percibir en caso de haber dado rienda suelta a nuestro enfado o de haber tratado de suprimirlo diciéndonos cosas tales como, por ejemplo, «no estoy enfadado» o «no debiera estar enfadado».